Las historias de España y Portugal se ven entrelazadas en casi todos sus capítulos. Desde la Reconquista de la Península Ibérica, donde ambos reinos comenzaron a formar sus identidades de manera simultánea, hasta la actualidad, donde comercian más entre ellos que con cualquier otro estado del mundo.
El 12 de febrero, el Transatlantic Policy Center de la School of International Service convocó a los embajadores de España y Portugal, Ángeles Moreno Bau y Francisco António Duarte Lopes respectivamente, para celebrar tan sólo otro de estos hitos compartidos: la adhesión conjunta a la Comunidad Económica Europea, predecesora de la Unión Europea.
La Comunidad Europea comenzó en el año 1951 para el comercio de carbón y acero, expandiéndose luego a otros aspectos diplomáticos, económicos y sociales. Sin embargo, no fue hasta 1986 que España y Portugal, que se encontraban gobernadas por regímenes autocráticos, lograrían la membresía de esta organización.
El esfuerzo vino luego de años de modernización de las dos naciones, donde ambas se deshicieron de sistemas anticuados, carencia infraestructural y otros problemas asociados al aislacionismo. Así lo recordaban la embajadora Moreno Bau y su contraparte portuguesa, el embajador Lopes Duarte.
“La unión a la Comunidad Europea significó abandonar esa España en blanco y negro: calles y rutas bacheadas, señal de teléfono pobre y televisión a las cuatro de la tarde”, recordó Moreno Bau durante su intervención. “La Unión trajo consigo fondos que transformaron en multicolor a la sociedad española”.
En el evento oficial con los embajadores, se discutieron muchos asuntos, de temas tan variados como los ingredientes de las mejores paellas. Se abrió, como era de esperarse, con la conmemoración de la incorporación ibérica.
Se rememoraron épocas dictatoriales, con el embajador de Portugal narrando sobre la organización militar que se oponía al autócrata António de Oliveira Salazar, el Movimento das Forças Armadas, y su consigna “tres D”: “Descolonizar, Democratizar, Desarrollar”. Duarte Lopes explicó que la Unión Europea ayudó con las últimas dos y fue de altísima importancia para el avance hacia una sociedad occidental para las dos jóvenes democracias.
Profesores y organizadores del evento aprovecharon la ocasión para introducir desafíos actuales que enfrenta la Unión Europea. Desde la guerra en Ucrania, pasando por el acuerdo comercial en trámite con el Mercosur, hasta la posible prohibición del uso de redes sociales para menores de 16 años en la península Ibérica.
Ambos embajadores aseguraron su compromiso con la defensa del continente y sus valores, y reforzaron su entrega con el pueblo ucraniano, a la vez que también expresaron su interés de trabajar con China a pesar de mostrar cierta moderación debido a preocupaciones de seguridad.
Sin embargo, no estuvieron de acuerdo en todo. Mientras que la embajadora española no veía la hora de firmar este histórico acuerdo comercial con Sudamérica, el embajador portugués dejó clara su duda sobre si nuevos conflictos no aparecerían en el futuro, y subrayó que Europa debe ser cautelosa al abrir sus mercados.
En el asunto en el que más difirieron fue, por bastante, el demográfico. Portugal es una nación pequeña y aislada, por lo que no está tan acostumbrada a recibir inmigrantes como lo está España. Moreno Bau destacó que España era de los pocos países que activamente recibían migrantes y refugiados para reemplazar su fuerza laboral y seguir pagando pensiones. Duarte Lopes recordó que, aunque en otras épocas Portugal veía emigrantes seguidos, hoy llegan más inmigrantes, en ocasiones de manera irregular, de los que las abandonan, lo que preocupa a la población.
Más allá del panel público, los embajadores participaron en una sesión privada con estudiantes, donde compartieron detalles de sus trayectorias diplomáticas. Ambos llevan más de 30 años en los departamentos de exterior, y han estado embajando en naciones tan alejadas entre ellas como Pakistán, Panamá o Dinamarca.
Sobre lo que implica representar a sus países, la embajadora española respondió que trabajó tanto impidiendo la entrada de inmigrantes indocumentados como colaborando con naciones africanas para generar oportunidades de trabajo para dichos desplazados.
“Ser diplomático significa a veces tener que sonreír, y otras mantener una cara seria mientras se discuten asuntos difíciles”, dijo Moreno Bau.
Mientras tanto, el embajador Duarte Lopes describió tiempos cambiantes en donde la política exterior portuguesa se ha mantenido sorprendentemente estable y uniforme, lo que lo ayudó a mantener posturas similares durante gran parte de su carrera.
El embajador portugués dejó un mensaje sencillo pero poderoso a los estudiantes sobre qué hacer frente al creciente autoritarismo en Estados Unidos.
“La democracia es una planta frágil, y hay que regarla”, dijo Duarte Lopes.
This article was edited by Marina Caraballo, Jerónimo Freydell-Cristancho, and Walker Whalen. Copy editing done by Diana Melgar and Avery Grossman.



